martes, 7 de octubre de 2014

Carta a un padre muerto, de una joven de 27 años

Queridísimo Papi.
Quizás últimamente te sientas abandonado, quizás aun te duela el alma por la soledad de antaño, quizás esperes ansioso cada mañana que alguien vaya a verte, aunque al hacerlo, no digas nada.... Ya no podes decir nada, solo esperarnos de vez en cuando, solo de vez en cuando.
Es que no puedo aceptar que estés allí, es que no soporto hablarte para que no contestes, me duele los ojos cuando te miro a través de esa foto que te petrificó en el  nicho.
No es que no quiera ir, es que quiero estar con vos, escucharte, verte refunfuñar, asustarme porque estés demasiado nervioso... Me parece encontrarte, no alli donde estás, sino donde deberías estar, en ese patio techado, que sin vos, ya no tiene techo, en esa silla vieja que soportó tus dolores tantos años.
Donde estaba yo, cuando empezaste a morir? donde estaba yo, que te dejé hacer, sin cuidarte, sin mimarte, sin mostrarte cuanto te quiero, cuanto te quise siempre...
Es que tanto tiempo  te dejé solo, que no me lo puedo perdonar.... Porque no haber tratado de enseñarte un poquito de felicidad, de familia, de amor.
Te libré la batalla cuando ya estabas vencido. Vos me aceptaste, eras un héroe.
Sabés querido, no puedo dejar de verte cuando estabas sentado frente a la ventana del sanatorio, como fundiéndote con el aire, como confundiéndote con la atmósfera. Quizás pensé que tirarías de la ventana, yo siempre tan cobarde, pero no, vos siempre  supiste esperar... nadie a vos, pero vos si.
Qué habrás pensado, en tantas horas de soledad? Querrías estar solo para reencontrarte? Es que alguna vez te pudiste haber perdido?
Sabés que pienso, que si Dios necesitaba a alguien para construir un mundo mejor.... solo vos pudiste haberle servido...
El resto.... todo mierda!
Te quiero
Tu hija

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